Eihei Dogen

Eihei Dōgen (永平道元) también Dōgen Zenji (道元禅師) o Dōgen Kigen (道元希玄) o Koso Joyo Daishi (literalmente Gran Maestro) (Uji, 19 de enero de 1200 – Ib., 22 septiembre de 1253). Fue el fundador de la escuela Soto Zen de Japón. Tras la muerte de su madre cuando tenía sólo siete años, se convirtió en monje en el Monte Hiei, el monasterio principal de la escuela Tendai, que era la tradición budista dominante en Japón en ese momento. Pero a la edad de 23 años, incapaz de reconciliar la enseñanza predominante de la «iluminación original» con la práctica budista ―si todos estamos originalmente iluminados, qué sentido tiene la práctica, preguntó― Dôgen salió del Monte Hiei para buscar respuestas en China. Allí recibió la transmisión del dharma de Rujing, un maestro Chán, y regresó a Japón para enseñar.

Dôgen fue un feroz defensor del shikantaza (zazen), o la meditación sentada sin objeto, y enseñó «la práctica-realización». Su punto de vista era que la iluminación, en lugar de ser fruto de la práctica, es la práctica misma ― y esa práctica es por sí misma la iluminación.

Escritor prolífico y poético, Dôgen compuso volúmenes de enseñanzas sobre temas que van desde cómo lavarse la cara hasta los funcionamientos del karma o la naturaleza del tiempo, y mientras tanto entrenaba a monjes y laicos y establecía las bases de lo que se convertiría en la escuela Soto del Zen. Su obra maestra Shobogenzo («El Tesoro del Verdadero Ojo del Dharma») de 95 capítulos, es considerada una de las obras seminales en la literatura budista. También escribió Bendowa («Discurso sobre la práctica del Camino»), en un formato de preguntas y respuestas en el que enseña que la práctica del zazen es el verdadero camino del Buda.

El elemento clave en la enseñanza de Dogen es la no-dualidad esencial de todos los fenómenos. Sin embargo, esa no-dualidad no es sólo un concepto. Conocerla de verdad implica percibirla en todo momento. El dilema que él tenía se debió a que consideraba que la naturaleza búdica y las prácticas que uno efectuaba para alcanzarla eran dos cosas distintas. Ahora veía que en realidad eran una sola cosa. La práctica es la iluminación.